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Relato: El paraíso de Jalifa

12 abril, 2010

Por José Antonio Santano, escritor.

Ganador del 2º Premio en el I Certamen “Traspasando Fronteras”. Universidad de Almería


No había más remedio. Estaba decidido a todo. Con tal de salir de aquel lugar era capaz de llegar hasta las últimas consecuencias. Sabía que no sería fácil. La vida es un obstáculo tras otro, y para algunos como él mucho más que todo eso, pero no podía arrepentirse ahora, después de haber esperado tanto tiempo una oportunidad, tal vez la única. Otros lo habían conseguido, por qué no él. Pensó durante largas noches en el asunto, sustrayendo horas al sueño. Estaba decidido. Era consciente del riesgo que la aventura podía reportarle, pero no había otra solución. Tendría que asumirlo, sin más. No podía demorarse por más tiempo. La situación era insoportable, incluso sus padres lo animaban a hacerlo. Seguro que él, tan joven, lo conseguiría. Luego, intentarían reunirse con él al otro lado de la orilla.

Lo había decidido, sí, y ahora no era momento para las vacilaciones. A lo hecho, pecho. Así debía de ser y así sería. Estaba todo listo. Durante los días precedentes había observado a los grandes camiones aparcados en las dársenas del puerto. Todo estaba controlado. Sabía muy bien la hora y el lugar exacto. Serían unos segundos, y en ellos, tal vez, la vida misma, su vida. Porque su vida realmente valía poco, y poco arriesgaba. Siempre había vivido en la más absoluta miseria. Era un verdadero hijo de la calle desde edad temprana. Quien nada tiene nada pierde. El joven Jalifa era una víctima más de su tiempo. Un desheredado más, un vencido más. Pero Jalifa no quiere amilanarse, y no se amilana. Está muy cerca del camión. Sólo tiene que esperar el momento preciso. Todo está calculado y no piensa fallar en el último instante. Se ha preparado para esto durante mucho tiempo, tal vez demasiado. Pero sabe muy bien que una vez dado el paso, no hay marcha atrás. Jalifa quiere vivir por encima de todas las cosas, y vivir dignamente, como se merece todo ser humano, aunque para ello tenga que tentar la suerte, incluso sentir muy de cerca el gélido aliento de la muerte.

Jalifa había mendigado por el zoco como un alma en pena. Ahora lo veía todo más claro: nunca más volvería a hacerlo, estaba decidido a cambiar de vida como fuera, y su familia lo apoyaba. ¿A qué esperar entonces? ¿Acaso alguien repararía en un pobre y zarrapastroso adolescente como él? ¿Le abrirían alguna puerta? No. Jalifa lo sabía bien. Nadie  le tendería una mano amiga, nadie, nadie. Ahora el camionero sube a la cabina. En un momento todo habrá pasado. Jalifa lo observa atentamente. Sabe que será cuestión de segundos, visto y no visto, y entre medias, Jalifa en los fondos del camión, silencioso y trémulo y satisfecho al mismo tiempo. Jalifa callado y  alegre. Parece escuchar la llave de contacto que gira y, al fin, el motor en marcha. Los primeros gases del combustible. Las ruedas que comienzan a girar lentamente. No hay marcha atrás, vuelve a pensar desde su propio silencio, inmóvil en los bajos del camión. El camino es largo. El camión se mueve un poco más rápido hasta encontrar el lugar idóneo en el vientre del gran barco. Jalifa respira aceleradamente. Fue todo tan rápido que todavía no se cree lo sucedido. Ahora se palpa y se pellizca para saberse vivo. No le importa el cansancio de tantas noches en vela. La verdad es que no le importa nada que no sea el futuro. Pensar en el pasado es sentir el dolor en  las entrañas y el alma, saberse víctima de la injusticia y el desprecio, someterse al capricho de quienes siempre lo poseyeron todo… Pensar no es lo que desea ahora. Ya en los bajos del camión y en el silencio que la noche impone, Jalifa cierra los ojos, se agarra a la vida fuertemente y se deja mecer por las olas del sueño y la memoria.

Unos niños juegan con una pelota de pellejos de cordero en las afueras de la aldea. Atardece en las montañas. El crepúsculo incendia los campos de olivos. Los niños corren sin cesar, persiguen al pequeño Jalifa que tan pronto lleva la pelota entre sus pies como está en el suelo, empolvado hasta las cejas, derrotado del esfuerzo realizado para conseguir el ansiado gol, y la victoria.

Pero Jalifa siempre fue un vencido. Desde su nacimiento no conoció sino una derrota tras otra. Sin embargo ahora se había propuesto cambiar el rumbo de su vida. Y no estaba dispuesto a que nadie se interpusiera en su camino. Él, libremente, había decidido el día y la hora propicia para ser otro ser y no podía amilanarse precisamente ahora, una vez traspasada la frontera del miedo y el dolor.

Los niños se ríen al ver a Jalifa en el suelo cubierto de polvo de pies a cabeza, como si fuera un boquerón en harina; se ríen a carcajada limpia, burlándose de su apariencia; se ríen sin parar y sin dejar de señalarlo con el dedo, fijamente, como si fuera el ser más despreciable del mundo. Y Jalifa, entonces, corre desesperadamente para ocultarse de todos y de sí mismo. Se refugia en la Gran Montaña, su Montaña. A ella acude siempre que la vida le golpea con violencia. Y ahora se siente herido. No sabe muy bien por qué siempre le toca a él. Sin embargo, en la Montaña, se siente seguro, abrigado en sus entrañas de roca y de silencios. Ya en la cima, solos, la Montaña y él, los únicos habitantes del planeta. Desde su majestuosa altura Jalifa otea el horizonte, la raya fronteriza que separa su mundo de otros mundos, y sueña. Algún día –piensa para sí-, conquistaré mis sueños.

Jalifa huye, de nuevo huye. Huye de sí mismo, de cuanto un día ya lejano soñó. Los sueños se rebelan contra él. No le dejan descansar. Y así, escucha nuevamente el rugir de los motores y siente el movimiento. Las ruedas del camión giran y avanzan hacia la luz. Una luz que ciega a Jalifa momentáneamente. Pero él es fuerte. Su fuerza es la esperanza.

En la Gran Montaña, su Montaña, se dejaba cegar por la luz de los crepúsculos cada tarde. Contemplaba el inmenso fulgor azafranado del cielo; admiraba las caprichosas formas de las nubes acogiendo los haces de luz en sus entrañas grises y negras, y con lágrimas en sus ojos despedía al sol hasta otro día. Jalifa, en su Montaña, acariciado por la brisa marina, soñaba con alcanzar  un día no muy lejano, la otra orilla, el paraíso.

Ahora el camión avanza lentamente, se detiene. Escucha unas voces. El camionero habla con los guardias. Se saludan. Los guardias preguntan por la carga. El camionero responde como siempre: lo de todas las semanas. Ríen. Presiente que el peligro ya ha pasado. Un obstáculo menos. Está en el buen camino. Se siente afortunado. Una puerta se cierra de golpe. El camión avanza de nuevo, sin prisas. Reanuda el movimiento y Jalifa se agarra fuertemente. El viaje es largo y no puede desfallecer ahora. Una leve sonrisa aparece en su aceitunado rostro. No sabe explicarse por qué, pero su vida siempre ha estado pegada a los bajos fondos, ahora, a los del camión que acelera su paso. El negror del asfalto es todo su mundo, lo único que posee. Y mira hacia él y su vida parece ocupar el amplio espacio de la negrura que el alquitrán desprende. Y así pasan los segundos,  y los minutos, que para Jalifa son eternos, pero tiene que aguantar. No puede, después de haber salvado los primeros obstáculos, desmoralizarse, caer en el abismo del desencanto. Pero a pesar de todos los pesares, que son muchos, Jalifa es fuerte y sabe que tiene que ganar esta batalla.

Amanece en las inmediaciones del zoco. Jalifa merodea por los puestos de los mercaderes. Mira a un lado y otro buscando la mirada cómplice que le demande ayuda a cambio de unas monedas. Pero todos lo apartan empujándolo con violencia para que no estorbe en las faenas de carga y descarga. Jalifa no desespera. Todo lo contrario. Persiste una y otra vez. Ahora es el puesto de frutas. Jalifa, quedo y silencioso, fija sus ojos en los ojos  de la frutera, de baja estatura y gordinflona. Ella, a su vez, también lo mira. Jalifa se atreve a preguntarle. Y la frutera, echando la cara a otro lado, no contesta. Jalifa reconoce en ese gesto una derrota más. No tiene prisa, acaba de amanecer y no quiere desmoralizarse. Insiste en uno y otro puesto, pero nadie admite sus servicios. ¿Tal vez porque es muy joven?, o, ¿acaso por su aspecto haraposo y sucio? Jalifa decide entonces mendigar, y mendiga. En lo más profundo de su ser le asquea y humilla hacerlo, pero sabe muy bien que no hay otro camino, y eso le basta  para extender una y otra vez la mano ante todos los que se acercan a los puestos de los mercaderes. Sabe, también, que en ocasiones su aspecto disuade a sus potenciales clientes y otras, en cambio, atrae su caridad. Al cabo del día, Jalifa siempre cuenta las monedas. No más de cuatro. Y vuelve la tristeza a su corazón desheredado. Jalifa, por el camino de guijarros y barro que lleva hasta su casa, el arrabal de la Seda,  llora sin lágrimas y aprieta las monedas contra su mano, abatido.

Las ruedas del camión giran y giran sin parar. El negro asfalto, los pensamientos y el deseo. El tiempo se eterniza y Jalifa siente el cansancio en los párpados, que se le cierran y abren muy lentamente. Y así hasta que siente un gran peso, definitivo, y flota, y vuela, detenido en el tiempo:

Jalifa recorre la ciudad adornada con luces de todos los colores. Grandes rótulos que anuncian y proclaman reinos de absoluto confort. Jalifa sonríe ahora, satisfecho por hallarse en su soñado paraíso. Jalifa, alegre y victorioso por primera vez, abre los ojos como si en ello le fuera la vida. Los abre hasta sentir un dolor intenso. Pero no le importa. Lo quiere todo, al detalle. Se sienta en un banco del Paseo. Observa y calla. La noche huele a salitre y mar. Los ojos de Jalifa brillan de una forma especial. En este instante es el ser más feliz de la tierra. Para él se acabaron los malos días, el dolor, el miedo, la penuria. Jalifa es el otro. El ser que siempre soñó. Jalifa ríe con la fuerza de lo que se ansía, y ríe, y ríe sin parar, mostrando sus blanquísimos dientes. Ansiaba verlo todo, sin excepción. Por eso camina ahora, alocadamente, sin rumbo fijo. Se detiene en todos y cada uno de los escaparates  que a un lado y otro del Paseo exhiben elegantes ropas, brillantes zapatos, oros y plata, libros, muebles, lámparas, fina lencería… Calles, luces y sombras, soledad y silencio. Al fin en la otra orilla,  en el paraíso.

El camionero escucha la radio. El locutor habla del paso del Estrecho, de pateras y muerte. El camionero queda pensativo y cambia de emisora. Mira el reloj del salpicadero, y piensa que es hora de un merecido descanso, también de repostar combustible. Conduce hasta que un cartel de la autovía anuncie un área de servicio. Pasados unos minutos aparece ante su vista, sobre fondo azul y letras blancas, el anuncio de la esperada área de servicios, salida 524. El camionero sale de la autovía por el último carril de la derecha, llega a una rotonda, la pasa y gira de nuevo a la derecha hasta encontrar la gasolinera. Una vez ha repostado el combustible necesario para concluir su ruta, el camionero decide entrar en la cafetería y tomar un café. El camarero le sirve un café doble. El camionero vierte el azúcar en el café y enciende un cigarro. Aspira profundamente el humo y lo expulsa muy lentamente, saboreándolo. Solicita al camarero la cuenta, paga y se dirige de nuevo al camión. Sube a la cabina, gira la llave de contacto y reanuda su camino. Pero Jalifa ya no le acompaña. Ha quedado en el suelo, inmóvil, en posición fetal. Ni ve ni oye, no siente nada. El cuerpo es un amasijo de huesos y carne entumecida, acalambrada, pálida e inerte. Alguien se acerca hasta Jalifa. Le habla, pero no responde. Ahora ese alguien llama por teléfono. Mientras tanto, Jalifa sigue caído en el suelo, con los ojos cerrados, inmóvil. Después de unos minutos, Jalifa es trasladado en ambulancia al hospital más cercano. Tras unos días de oscuridad y silencios, Jalifa despierta. Abre los ojos muy despacio, como si una gran mole de piedra colgara de sus párpados. Mira a su alrededor y no ve con claridad, está confuso, y solo. No distingue los colores. Le sudan las manos y la frente. Ahora, lejos,  escucha la voz de una mujer, e inmediatamente después la de un hombre. Ambos están de pie, junto a la cama de Jalifa, y visten uniformes de guardias.

Pero Jalifa no tarda en volver a la vida. El sueño ha durado demasiado. Jalifa distingue el verde de los uniformes. Jalifa grita y llora desconsoladamente. Es al abismo de nuevo. Se siente náufrago y vencido. No puede creerse lo que está pasando. Jalifa patalea en la cama como un desesperado. Los guardias intentan calmarlo. Pero Jalifa es un ser descontrolado que sólo sabe gritar, gritar, gritar… Y entre grito y grito los médicos, las enfermeras que acuden al instante para saber qué está pasando, a qué viene tanto escándalo. Pero ya es tarde, Jalifa no es Jalifa. Es otro ser que, enloquecido, grita hasta quedar exhausto, sedado por su propio desconsuelo; inerte sobre la cama, con los ojos abiertos y fijos en el techo, sin vida.

Desde entonces, y todavía hoy, después de los muchos años transcurridos, en el silencio de la noche, un eco de voces inunda los largos y oscuros pasillos del hospital, se apoderan de la tierra y devuelven a ésta las que fueran las últimas y desgarradoras palabras de Jalifa: ¡Por favor, no me echen del paraíso! ¡No me echen del paraíso!

Concurso "Día de la Paz"

10 marzo, 2010

Para celebrar el Día de la Paz se organizó el siguiente concurso:

CONCURSO

LOGOS, LEMAS, RELATOS CORTOS Y POEMAS

TEMA: “LA NO VIOLENCIA EN EL IES ALHADRA”


BASES:

1ª. –Podrán participar todos los alumnos y alumnas del IES ALHADRA, individualmente o integrándose en grupos.

2ª. –Las secciones del Concurso quedan establecidas como sigue:

a) LOGOS: Que personalice y represente la NO VIOLENCIA EN EL IES ALHADRA.

b) LEMAS: Que identifiquen al IES Alhadra como Centro no violento.

c) RELATOS CORTOS: Referidos al tema de la No violencia (máximo dos folios por una cara a doble espacio, A4.

d) POEMAS: Máximo 20 líneas.

3ª. –Los trabajos se presentarán bajo seudónimo y  grapado en un sobre con los datos reales de los autores.

4ª. –El jurado estará formado por profesorado, alumnado y representantes del AMPA.

5ª. – Los trabajos se entregarán en el Departamento de Filosofía: Escalera 1, planta 1. La fecha límite 25 de Enero.

6ª. –El Fallo de los premios será el día 30 de Enero Día de la Paz.

7ª. –El Logo y el Lema premiados se materializarán en  chapas distintivas de nuestro centro.

8ª. –El Relato corto y el Poema premiados se publicarán en la Revista Digital.

9ª. –Se establece un único premio en cada una de las secciones consistente en: Material Escolar que no supere los 50 Euros.

10ª. –A todo el alumnado participante se le entregará un DIPLOMA DE HONOR, donde conste su colaboración y esfuerzo por erradicar la violencia y luchar por una convivencia pacífica.

A continuación publicamos los ganadores en  las diferentes secciones. El premio de Lemas ha quedado desierto, en su lugar se han otorgado dos premios en Poemas.

La concesión de los premios se realizó en el recreo, en un acto en el que participaron profesores y alumnos. Este concurso forma parte de las actividades previstas para el Día de la Paz.

POEMAS PREMIADOS

“ESPERANZA”

Todos estos años inmerso en la locura                                                                           

de un mundo gris que expira de amargura.

Mundo en guerra, mundo inerte,

ahogado en la ternura de volver a verte.

Si esto no cambia, no habrá remedio alguno,

la negrura nos consumirá de uno en uno.

Más guerras, menos mundo,

lágrimas muertas sobre un No rotundo.

Sociedad concentrada en un anhelo de Paz,

sociedad muerta, al ver y no estar.

Mundo impuro, mundo inmóvil,

nacer, crecer, reproducirse y esperar a morir.

Espero ansioso tu llegada, Paz,

espero ser feliz y crecer en la libertad.

Más amor, menos inquietud,

puedes  ayudarnos Tú, sólo Tú.

Fabio Francisco Pérez Alonso, 1º Bachillerato

LA PAZ

Viva la paz.                                                                                                           

Viva la paz.

Viva la gente

que no hace llorar.

Viva el amor.

Viva el querer.

Viva la gente

que te hace crecer.

Viva la paz.

Viva la paz.

Viva la gente

que no hace enfadar.

Tamara Heredia, 3º ESO

RELATO CORTO PREMIADO

CONFESIONES

Raúl es un chico de quince años, amable, educado, cariñoso, etc. Se metió a estudiar cuarto de la ESO en un centro llamado IES Alhadra; donde la convivencia con algunos de sus compañeros iba a ser casi imposible.

La primera mañana que fue al instituto, se dio cuenta de que no conocía a nadie, “solo ante el peligro”, pensó el pobre chico al ver tanta gente reunida allí. La primera reacción que tuvieron los alumnos reunidos en ese patio fue mirarlo de arriba abajo y, seguidamente, darse la vuelta para ponerle un mote, reírse de él o simplemente hacer de su llegada un tema de conversación.

Sonó el timbre que indicaba la hora de entrar en clase. Raúl se dirigió a la conserjería para preguntar dónde tenía que ir para llegar a clase.

–          Aula 132… -dijo la conserje.

Raúl empezó a subir las escaleras rápidamente para no ser visto, pero fue algo imposible ya que había gente esperando que abrieran las clases en las plantas inferiores a  la suya… Con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos, subió a duras penas por las escaleras hasta la tercera planta. Buscó su clase y vio que todos los niños estaban sentados con el profesor pasando lista en ese momento.

– ¡Hola, buenos días! –dijo Raúl en voz baja y clara, sentándose en uno de los pupitres vacíos y sin alumnos al lado.

– ¿Cómo te llamas? – preguntó el profesor cogiendo la lista del alumnado.

– Raúl González López.

En ese momento, Raúl se percató de que los veinticinco alumnos de esa clase le estaban mirando: unos se reían, otras le observaban para después hablar de él, y otros, incluso, pasaban olímpicamente de Raúl.

El profesor le dio la bienvenida y comenzó la clase. Uno de los alumnos se dirigió hacia Raúl y se presentó:

– ¡Hola!, me llamo Marc…

A Raúl le pareció buen chico, ya que fue el único que se presentó, se sentó a su lado en las clases siguientes y se empezaron a conocer.

Tocó el timbre, era la hora del recreo. Raúl y Marc fueron al patio y empezaron a compartir momentos de clase y de recreo. Marc le había contado a Raúl que era homosexual y que eso no era fácil en este centro porque te insultaban a cada momento y más sabiendo que tuvieras inclinaciones sexuales diferentes. Marc le dio un consejo, ya que lo consideraba un amigo, para que Raúl lo cumpliera en el instituto y así no meterse en líos. El consejo era que no contestara los insultos que le dijeran los demás, porque algunos de los chicos lo único que buscaban era una excusa para formar una pelea.

En ese momento, un chico de la otra clase de cuarto, muy temido por su carácter, dijo:

–          ¿Qué Marc?, ¿otro novio nuevo? ¡Maricones de mierda!

Raúl se giró y, no pudiéndose contener, le contestó:

–          ¡Cállate la boca!

Marc se quedó de piedra al ver que su nuevo amigo iba a pasar a ser un fiambre. El chico llamado José se acercó a Raúl rápidamente y lo agarró del cuello  diciéndole la frase que ningún  chico inocente quiere escuchar: Te espero a la salida. Raúl, blanco como el papel, se arrepintió de lo que había dicho, pero ya era demasiado tarde.

No se lo dijo a ningún profesor, no quería meter más cizaña. Las tres últimas horas fueron largas para Raúl y Marc, porque sabían lo que iba a pasar.

Al salir del instituto vio a aquel chico esperándole con unos cuantos más. Tragó saliva y salió. Justo al salir, recibió el primer puñetazo en la cara, cayendo al suelo mareado y desorientado. Los demás alumnos del instituto los rodearon y animaron como si de un combate se tratara, gritando: ¡Pelea, pelea!

Cuando el chico conflictivo se desahogó con la cara de Raúl, le escupió en la cara y le dijo:

–          ¡Ya sabes quién manda aquí!

Seguidamente, la gente empezó a marcharse riéndose de él, quedándose los dos amigos sentados en la acera del instituto.

–          La próxima vez que te advierta sobre algo de aquí, haz caso –dijo Marc asustado al ver la cara de su amigo y con la impotencia de no haber podido hacer nada por evitar la pelea.

–          No habrá próxima vez. Si en la primera semana me pasa esto, cuando lleve un año, ¿qué me pasará? Hablaré con mis padres para que  me cambien de instituto. No ha sido una buena experiencia. Sólo por intentar defender a un amigo, te pegan. Si te insultan por los pasillos y contestas, te pegan. Y… ¿dónde están los profesores y los conserjes? Hay una pelea en la puerta y nadie sale a separarnos. ¡Es vergonzoso!

–          Bueno, la verdad es que cuando hay peleas no salen y después te dan charlas dentro para no recurrir a la violencia. Como has podido comprobar, no sirve de nada ya que los verdaderamente conflictivos son los que se las pasan por los forros. Aunque yo intente no meterme en líos, me acaban diciendo cosas por los pasillos y las tengo que aguantar. Si se lo digo a un profesor, les pone un parte y a ellos les sirve de diversión, les sube un peldaño más en su pequeña jerarquía.

–          Marc, si se meten contigo, ¿por qué no te cambias de instituto?

–          Porque esto ocurre en todos lados, con más o menos frecuencia, pero pasa. La homofobia, el racismo y todo eso siempre está presente en un instituto.

–          Yo, por lo pronto, me voy a mi casa a que mis padres me vean la cara que me han dejado –dijo Raúl decepcionado.

–           Aunque hayas salido perdiendo, para mí has ganado. Gracias por haberme defendido –dijo Marc.

–          De nada, todo por los amigo. Luego hablamos por el msn.

La vida en el instituto es más dura de lo que parece. ¿Será en todos así? Por lo pronto, en el IES Alhadra, sí…

Cambiaremos esta situación y que la historia de Raúl y Marc no vuelva a suceder. ¿Difícil, verdad?

Adrián Nanclares Simón, 3º B

LOGO PREMIADO

Ángela García Espejo, 1º Bachillerato

El siguiente poema no ha resultado premiado, pero lo hemos publicado porque nos ha parecido que merece la pena darlo a conocer, ya que recoge perfectamente la idea de Paz.

ENCONTRAR LA PAZ

Presente está la guerra,

conflictos por ganar terreno,

hambre causan en la Tierra

y muertes provocan sin freno.                                                                                          

¿Dónde está la PAZ?

Hacia los oscuros, racismo,

sólo por ser de color;

a las mujeres, machismo,

sin sentido ni razón.

¿Dónde está la PAZ’

Sin escuelas, el tercer mundo,

no disfrutan de hospitales;

muertes por mil en un segundo,

y pocos van a ayudarles.

¿Dónde está la PAZ?

El amor sin distinción,

la felicidad nos da,

sin importar nación ni religión.

¡¡AHÍ ESTÁ LA PAZ!!

Manuel Gil Rodríguez, 3º B

Concurso de Fotografia del proyecto de Coeducación Iguales

11 marzo, 2009
Ya conocemos el resultado del concurso de fotografía “Rompiendo estereotipos.  El trabajo NO tiene género“, realizado dentro del proyecto de coeducación Iguales que se desarrolla en el IES Alhadra y en el que han participado, con sus fotografías, más de 30 alumnos y alumnas de diferentes centros educativos.  En el blog de coeducación podemos encontrar todas las fotos premiadas en el cocurso, así como todas las participantes. 

Vemos aquí las fotografías seleccionadas en el concurso, así como a los premiados y premiadas recogiendo su reconocimiento.  El acto de entrega de premios se realizó el día 9 de marzo en el salón de actos del IES Alhadra.

1º Premio EL HOMBRE DEL SIGLO XXII - Carmelo Sánchez

1º Premio "EL HOMBRE DEL SIGLO XXII" - Carmelo Sánchez

 
1º Premio - Carmelo José Sánchez - 1º CFGM Laboratorio e Imagen

1º Premio - Carmelo José Sánchez - 1º CFGM Laboratorio e Imagen

 

2º Premio: LIMANDO PROYECTOS MACHISTAS - María José Martínez

2º Premio: "LIMANDO PROYECTOS MACHISTAS" - María José Martínez

 

2º Premio - María José Martínez Jiménez - 1º CFGS Lengua de Signos

2º Premio - María José Martínez Jiménez - 1º CFGS Lengua de Signos

 

3º Premio: T.S.E.I. EN CARNAVALES - Manuel Pérez

3º Premio: "T.S.E.I. EN CARNAVALES" - Manuel Pérez

 

4º Premio: LA MUJER Y SU TRABAJO - Manuel Lozano

4º Premio: "LA MUJER Y SU TRABAJO" - Manuel Lozano

 

4º Premio, Manuel José Lozano Navarro - 4º ESO A

4º Premio, Manuel José Lozano Navarro - 4º ESO A

 

5º Premio: ESPANTAPAJAROS - Ángela García

5º Premio: "ESPANTAPAJAROS" - Ángela García

5º Premio, Ángela García Espejo - 4º ESO A

5º Premio, Ángela García Espejo - 4º ESO A

 

6º Premio: NOSOTRAS TAMBIÉN PODEMOS - María del Mar Compán

6º Premio: "NOSOTRAS TAMBIÉN PODEMOS" - María del Mar Compán

 

6º Premio, María del Mar Compán Rodríguez - 1 CFGS Educación Infantil

6º Premio, María del Mar Compán Rodríguez - 1 CFGS Educación Infantil

 

III Concurso de Cuentos Interculturales

6 febrero, 2009

PARTICIPANTES

Podrán participar en la presente convocatoria todas las personas en las

siguientes categorías:

    • 1ª Categoría Jóvenes hasta 15 años
      2ª Categoría Jóvenes de 16 a 25 años
      3ª Categoría A partir de 25 años

SOLICITUDES Y PLAZO DE PRESENTACIÓN

    Las solicitudes de participación se presentarán en el correspondiente boletín de inscripción
    (Ver Bases Adjuntas), desde el día siguiente a su publicación en el B.O.P. (que tuvo lugar el
    18 de noviembre
    de 2.008) hasta el 27 de febrero de 2.009, en cualquiera de los registros
    de la Diputación Provincial de Almería.

    Convocatoria publicada en B.O.P. núm. 222 de 18/11/2008.
JURADO
El Jurado estará compuesto por los siguientes miembros:
– La Diputada del Área de Bienestar Social.
– Un/a representante de la Sección de Participación Social.
– Un/a experto/a en literatura.
– Un/a experto/a en interculturalidad.
– Actuará como secretario/a un/a representante de la Diputación de AlmeríaEl fallo del jurado, que será inapelable, se hará público antes del 15 de abril de 2.009, a través de los medios de comunicación de la provincia y de forma

directa a los ganadores.

PREMIOS

Se establecen los siguientes premios para las distintas categorías:

    • Primer Finalista: Premio de 600,00 euros y galardón conmemorativo.
      Segundo Finalista: Premio de 300,00 euros y galardón conmemorativo.
      Tercer Finalista: Premio de 150,00 euros y galardón conmemorativo.
      Cuarto Finalista: Accésit.
      Quinto Finalista: Accésit.
  • Las cantidades estarán sujetas a las retenciones fiscales que correspondan. Los premios

    podrán ser declarados desiertos

BASES DE LA CONVOCATORIA: