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¡Hasta siempre, abuelo!

26 mayo, 2009

LA MUERTE DE MI ABUELO

Cuando mi abuelo estaba en el hospital muy enfermo, a punto de morir, yo no me separé de él. Siempre estaba contándole cosas y le escuchaba mientras me relataba tranquilamente sus historietas de cuando era niño. Asi, al menos, se nos hacía menos triste y por un momento nos olvidábamos del motivo por el cual estábamos en ese horrible lugar.
De pronto, una tarde en la que él me estaba contando unas adivinanzas, se calló y se agarró el pecho con la mano. Dijo que le dolía y me asusté mucho. No paraba de decirle que aguantara y que le quería un montón. Hasta que su corazón dejó de latir y su mano perdió la fuerza con la que agarraba a la mía.

Aún hoy no he derramado ni una sola lágrima por la muerte de mi abuelo, ya que sé que, al menos, murió feliz.

Mª del Mar Román Estébanez 2º C

MI ABUELA CARMEN

Mi abuela se llama Carmen. El otro día su médico me dijo que su corazón no aguantaría mucho. Ella tiene 90 años, y hace unos meses empecé a notar que se encontraba más débil.

En cuanto salgo del trabajo, voy a visitarla y como con ella y con mi madre. A mi abuela se la ve feliz cuando estamos juntos, ya que sus tres hijos viven lejos de aquí y no pueden visitarla a menudo.

Yo le ayudo en todo lo que puedo, y me gusta caminar por el paseo marítimo con ella. Su hija Noelia dice de trasladar a la abuela a Tarragona, donde vive Noelia, pero todos sabemos que ella quiere morir en la misma casa en la que nació y en la que transcurrió su vida.

Algunas noches me quedo con la abuela a dormir ya que no me gusta dejarla sola, y menos ahora. Mi abuela sabe que le queda poco de vida, y lo poco que le queda lo pasa sonriendo y disfrutando de los que la rodean.

Una de las noches que me quedé a dormir con ella, no quería acostarse, y me miraba contándome de vez en cuando alguna historia interesante de su pasado. Pero lo que recuerdo, y lo que recordaré siempre de mi abuela, fue cuando me dijo que disfrutase la vida como si fuera el último día, que 90 años son muy pocos y que nunca olvide los buenos momentos que se pasan con los que te quieren.

En esa misma madrugada, mi abuela cayó dormida en un sueño profundo del que nunca podría despertar.

Manuel Gil Rodríguez 2ºC

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